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16.12.08

Hamlet

Lo raro es que no se llame Christian o Frederick siendo príncipe danés. El cráneo es de un amigo de la infancia, Yorick, un bufón de la corte al que le cuenta en esta escena todo lo que ha cambiado desde la última vez que lo vio. El monólogo famoso de " To be, or not to be" es un par de ACTOS antes, pero aun ahora sigue siendo maravilloso y perfectamente actual; con la pequeña diferencia que ahora no nos plantearíamos tanto la muerte como opción, ¡total, ¿para que?! pudiendo seguir con nuestro trabajo estable de príncipe .
ACTO III ESCENA I:
Ser o no ser... He ahí el dilema. ¿Qué es mejor para el alma, sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos, o levantarse en armas contra el océano del mal, y oponerse a él y que así cesen? Morir, dormir... Nada más; y decir así que con un sueño damos fin a las llagas del corazón y a todos los males, herencia de la carne, y decir: ven, consumación, yo te deseo. Morir, dormir, dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán cuando despojados de ataduras mortales encontremos la paz? He ahí la razón por la que tan longeva llega a ser la desgracia. ¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas del mundo, la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio, la angustia del amor despreciado, la espera del juicio, la arrogancia del poderoso, y la humillación que la virtud recibe de quien es indigno, cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso en el filo desnudo del puñal? ¿Quién puede soportar tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la vida una carga tan pesada? Nadie, si no fuera por ese algo tras la [muerte —ese país por descubrir, de cuyos confines ningún viajero retorna— que confunde la voluntad haciéndonos pacientes ante el infortunio antes que volar hacia un mal desconocido. La conciencia, así, hace a todos cobardes y, así, el natural color de la resolución se desvanece en tenues sombras del pensamiento; y así empresas de importancia, y de gran valía, llegan a torcer su rumbo al considerarse para nunca volver a merecer el nombre de la acción. Pero, silencio... la hermosa Ofelia ¡Ninfa, en tus plegarias, jamás olvides mis pecados!
Willian Shakespeare.